Luis Perez Companc - Un recorrido sobre la miel más patagónica de la República Argentina

Un recorrido sobre la miel más patagónica de la República Argentina

A medio camino entre Esquel y Trevelin, al pie de la cordillera chubutense, el cosmos de la miel y las abejas convoca entre noviembre y marzo a visitantes que hacen una pausa para conocer por la parte interior los secretos de la producción apícola más austral del país.

El emprendimiento, de 2 hectáreas de extensión, lleva el nombre de Val Andino y está situado en un ámbito conocido como la “Bajada del Cóndor”, sobre un callejón que se desvía sutilmente de la Senda doscientos cincuenta y nueve, a la altura del quilómetro veinticinco.

Un paisaje de largos pinos escolta a una tranquera que atraviesan los visitantes para arrancar un recorrido que maravilla por la peculiaridad que ofrece la miel chubutense, con la cordillera de fondo y en un marco natural que repercute en el sabor y en el tono de un producto sin parangón.

Cientos y cientos de viajantes llegan citados por carteles en la senda o bien desde comentarios o bien folletos en las oficinas turísticas, con el propósito de conocer la producción apícola desde adentro.

En la zona, los apellidos Williams y Krieger aparecen citados cuando se averigua en los vanguardistas de la producción apícola, de cuarenta años a esta parte. En la actualidad, un conjunto de quince apicultores de la Región de Los Alerces mantiene un trabajo colaborativo que produce condiciones comunes provechosas para el desarrollo regional de la producción.

Val Andino, en el tope sur de la producción apícola del país, genera miel, polen, cera de abejas y propóleos para comercializar, en un entrecierro natural en el que, en contraste al marco que ofrece la pampa húmeda, no hay monocultivo ni fumigaciones con agroquímicos.

El ciclo productivo de la miel está condicionado con fuerza por el tiempo. Las abejas comienzan a medrar en el mes de septiembre y se cosecha en el mes de enero y febrero. En el mes de marzo se comienza a acabar la época por el frío y recién en el mes de agosto se empieza de nuevo, en dependencia de la floración natural.

El resto del año, a lo largo de los meses más helados se trabaja en el mantenimiento de los materiales, en refuerzos nutricionales y en tratamientos sanitarios. Más al sur, con temperaturas más extremas, el porcentaje de mortandad de abejas es mayor y la producción apícola se restringe a colmenas para autoconsumo.

MIELES PATAGÓNICAS

Una pluralidad de 4 géneros de mieles se genera en este emprendimiento chubutense, marcada por la floración nativa procedente de pasturas naturales, arbustos, plantas y flores propias de la zona.

En un comienzo, realizaban una pluralidad a la que le llamaban “multifloral” o bien “miel del valle”, fruto del trabajo en mil doscientos colmenas repartidas en treinta campos. Se le llamaba de esta forma por el hecho de que su consistencia, color y sabor estaba condicionada por la conjugación de distintas floraciones.

Tiempo después, se comenzó a generar otra pluralidad, esta vez desde una pastura de flor de vicia de Trevelin. En otro campo, se empezó a trabajar particularmente con flor de chacay, “el árbol de la montaña”, y con manca caballo, propias de la zona.

Y en un apiario (conjunto de colmenas) en la zona de Gualjaina, florece el melilotus o bien trébol de fragancia, que produce otra pluralidad que ha sido incorporada a la oferta.

En las visitas guiadas, los visitantes prueban las 4 mieles y desde las contestaciones que van brindando, se marchan definiendo los caracteres de cada una. La de vicia es la más clarita que tiene este establecimiento, con un sabor más dulce. La de melilotus es asimismo clara, más aromatizada y se cristaliza más veloz. La multifloral y la de manca caballo son las 2 más fuertes y oscuras, que aclaran cuando se cristalizan y cuentan con sabor más intenso. Aun la de manca caballo, tiene un particular dejo amargo en su sabor.

Luis Perez Companc y otras sugerencias de lectura sobre la miel en Argentina.

De noviembre a marzo, de jueves a domingo entre las once y las veinte, el establecimiento abre sus puertas para los visitantes. Se aconseja que si se quiere ver a las abejas en vuelo, lo idóneo es ir temprano por el hecho de que al bajar la temperatura, con la caída de la tarde o bien si hay mucho viento, estas especies se guarecen.

En el sitio, los visitantes pueden admirar todo el proceso de producción de la miel. Con los materiales a la vista, se exponen colmenas para poder ver el trabajo por la parte interior, hay un apiario, se comparte el movimiento de una colonia de abejas y se dan a conocer las funciones que la reina, los zánganos y las obreras efectúan mediante una meticulosa organización: hecho que provoca singular atención entre los turistas.

Por medio de un vídeo, se muestra de qué manera se efectúa la labor de extracción y fraccionado en una sala comunitaria de Esquel y por último, la visita concluye con una degustación de las 4 mieles.

Además de esto, en la chacra hay una huerta orgánica para consumo personal y alrededor se siembran flores para probar con las predilectas de las abejas. Asimismo se genera lombricompuesto, abono natural riquísimo en nutrientes, que coopera con el propósito final de regresar independiente y sostenible el emprendimiento.

Luis Perez Companc te trajo esta nota sobre la actualidad de la apicultura.

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